08 Sep de 2011
Turismo con nombre propio
08 septiembre, 2011Fecha: | Categorías: Reflexiones | Sin comentarios

Las elecciones generales están a la vuelta de la esquina. Se nota cada día en los titulares de los periódicos, en los informativos de televisión, en el Twitter y en los blogs… Sí, se nota. Estamos en la fase de la promesa política por semana, en la etapa en la que, mientras los candidatos lanzan ofertas diarias de futuros mejores, los ciudadanos y agentes sociales intentan hacerse oír, abrir debate, preguntar, opinar y poner sobre la mesa los problemas reales que tiene el país. Más allá de quien gane o pierda en las urnas.

Hace un par de días me encontré una iniciativa muy acertada en este tiempo de preelecciones: la plataforma Ministerio de turismo YA, impulsada por Hosteltur, la publicación especializada de noticias de turismo más importante de España. Su propuesta nace sin más ánimo que el de generar debate, darle voz al sector -a todos- para que escuchemos, opinemos y propongamos.

Ministerio de turismo YA propone que el turismo en España tenga representación ministerial con nombre propio: una auténtica voz, unida, cohesionada y plural. Una voz con fuerza para atender necesidades tan urgentes como la innovación, la renovación de la planta hotelera, la formación y la competitividad de un sector clave para el país, más aún ahora, con esta crisis económica que parece haber venido para quedarse.

Reformas, buena gestión, visibilidad y una apuesta clara por el turismo. La puesta en marcha de la plataforma ya ha dado su fruto: El debate está servido.

¡¿Ministerio de turismo ya?! …

En apenas unos días de vida de la plataforma, entre el sector se ha levantado una gran polvareda de opiniones y la cuestión ha dejado de ser ministerio de turismo ya, para convertirse en un auténtico dilema: ministerio sí o ministerio no. ¿Más administración es igual a más gestión? ¿Más rango es garantía de mejor funcionamiento?

En la historia de España, tal y como apunta Miguel Ángel Campo Seoane en un completísimo post sobre el asunto, hay algunos ejemplos. Campo Seoane, en la misma línea que Manuel Figuerola Palomo o que Fernando Gallardo, cuestiona los beneficios que pudiera traer una cartera turística específica y teme, incluso, que pudiera ser contraproducente: su creación supondría una mayor intervención por parte del Estado sobre las competencias (hoy por hoy indiscutibles) de las Comunidades Autónomas. Y a nadie le gusta que le digan cómo tiene que gobernar su casa…

Al plantearse este debate, se hace inevitable abrir otro en el que podría estar la clave de todo: el nombre y apellidos que habrían de seguir al título de ministro de Turismo, o secretario de Estado o lo que finalmente sea (porque en esto de la política nunca se sabe).

Ministerio sí, ministerio no. Lo que sí está claro es que, como señala Vasilica María en la página de la plataforma creada por Hosteltur, “la utilidad de un ministerio de turismo depende de la persona que a su cargo y del equipo de profesionales que tiene como apoyo. Sin las personas adecuadas, ese ministerio se convertiría sólo en un gasto más”.

Por tanto, no se trata solo de si es necesario o no un ministerio con nombre propio o de si sería mejor una secretaría de Estado o una dirección general, sino de quién debería darle nombre, de quién debería estar al frente del turismo en España.

Ministerio de turismo YA

Sin duda, la pregunta la tenemos todos en la cabeza y el otro día ya la dejaba caer Diario Secreto de un Community Manager: ¿Quién podría ser un buen líder?

Y aquí, una vez formulada la pregunta, es cuando nos tropezamos con los primeros escollos: Las opiniones del sector vuelven a dividirse y nadie sabe lo que realmente quiere o necesita.

Algunas voces hablan de que la persona que se haga cargo de tamaña empresa ha de tener un perfil político, diplomático y comunicador que dote de rango y visibilidad institucional a un sector que ya lo es todo en lo económico, pero que desde siempre ha estado relegado en la Administración desde que España estrenó democracia.

Otros, por el contrario, consideran que debe ser un profesional del turismo, independiente, un buen gestor que conozca los secretos y recovecos de la Administración estatal para poder sacarle partido de verdad y favorecer con ello a un sector que mueve la mayor parte de la economía española.

Pero siempre hay un pero. Muchos son los que opinan que el perfil político corre el peligro de ser “más de lo mismo”, un foco de disputas e intereses alejados del sector; y otros consideran que la opción errónea es la segunda, la del profesional turístico, por ser excesivamente gremial. Parece que ni en esto es capaz de lograr el sector un acuerdo… ¿o sí?

En realidad, el acuerdo existe y reside en lo más profundo del sector, allí donde nacen y crecen sus antiguas y sus nuevas necesidades, allí donde se enquistan los problemas, donde nadie hace nada por cambiar lo que todo el mundo sabe que ya no sirve.

Todos los que palpamos de algún modo la realidad turística diaria coincidimos en que es necesario liderar una nueva estrategia de gestión competitiva, que coloque al sector donde se merece; somos conscientes de que apremia la coordinación de las políticas de gestión, desarrollo y legislación turística en España, de que hay que apostar por la innovación, la adaptación, la renovación, la formación y la profesionalización…

Por eso, todo el sector sabe que la persona que asuma el cargo (sea ministro, secretario o conserje) ha de ser capaz de dar respuesta a todo eso y, hacerlo, mejorando el diálogo entre lo privado y lo público y practicando una defensa justa de lo que precisa el sector, no de intereses individuales o de determinados colectivos.

Esa persona tendrá que saber diseñar políticas globales efectivas sin incrementar los obstáculos administrativos que, por desgracia, ya se sufren diariamente y, sobre todo, tendrá que saber escuchar a un sector que es clave para el presente y el futuro de nuestro país. Casi nada.

¿Algún candidato?

Un post de Eva Diz, redactora de Contenido SEO




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